6.3.08

ENTREVISTA M.A. MARTIN/V: EL FUTURO.AL APOCALIPSIS POR LO POLÍTICAMENTE CORRECTO


Volviendo a un tema que apareció antes, ¿qué opinas de la “Cultura del Apocalipsis”?
A mí todo lo que sean cultos me parece una mierda, todo lo que sea interés y curiosidad por las cosas me parece muy bien. La Cultura del Apocalipsis me gusta porque en torno a ella han surgido algunas cosas interesantes, otras no e incluso algunas que han intentado meter ahí con calzador, como a Burroughs.

Parece que el origen de todo ello, sobre todo en lo musical, viene de Alemania.Hombre es innegable que lo que sentó las bases de todo el sonido electrónico e industrial, incluso del pop, fue la música alemana de los 70. De los experimentos de Can a Kraftwerk pasando por Kluster, Nimbus 3, Faust…

De ahí también temáticas como los campos de concentración y demás.Sí, más como inspiración que como apología, incluso lo reivindicaban como denuncia. Quizá Whitehouse jugaba un poco más con la ambigüedad en sus principios que salían a tocar con cierta estética nazi, pero abandonaron en seguida.

Que es algo con lo que también has jugado en tus cómics mentando a grupos como Leibach o el personaje aparentemente neonazi de “Bitch”.Sí, es un grupo que me hace gracia porque mezclan el rollo nazi con el estalinismo y reivindicación de la patria eslovena, siempre desde una óptica artística. En Bitch me gustaba mucho jugar con esa ambigüedad y no dejar nada claro al personaje.

Recuerda un poco a los inicios del punk, en los que se mezclaban todo tipo de iconografías políticas.Era una época de libertad en la que uno podía salir a tocar, como Sid Vicious, con una esvástica por provocar y no pasaba nada. Hoy ya no es que te puedan meter una paliza, cosa que no me preocupa porque tú te puedes defender, es que te puede detener la policía porque sea ilegal, que eso ya me parece fatal. La esvástica es un símbolo que está ahí como la cruz cristiana, yo salgo mañana a un escenario con una cruz y no pasa nada, pero llevo una esvástica y la lío.

Te gusta provocar con cosas políticamente incorrectas. Aunque luego la gente se lo tome todo al pie de la letra…Eso es lo que ha pasado en Psicopatía sin utilizar esvásticas ni nada…En Bitch aparecía pero porque creo que venía al caso con todo el ambiente de tribus urbanas que aparecía en la obra.

¿Piensas el artista debe mantener siempre la ambigüedad y separarse del contenido de su obra?Yo lo veo así de claro. De hecho cito a dos:
A Cronenberg: “El artista no tiene responsabilidad social”. Como artista, no digo que no tenga que pagar impuestos sino que no puede estar pendiente de la moralidad a la hora de crear una obra. Si crees que tienes que provocar, provoca, aunque sea una provocación barata y de mierda, otra cosa es que debes de asumir que luego te puedan juzgar.
Y a Oscar Wilde: “El artista no debe tener simpatías éticas”. El artista, repito, no la persona. Por eso en mis historietas me gusta poner unos puntos de vista y otros y no mojarme. Creo que el lector es lo suficientemente inteligente como para sacar sus propias conclusiones.
Ante cosas como “Snuff 2000” creo que es bastante claro que los protagonistas son dos tarados a los que no puedes tomarte en serio. Si te los tomas en serio ocurren dos cosas, uno que es un elogio para mí porque te he engañado y eso significa que soy bueno; y dos, ¿qué te pasa en la cabeza? Tienes un problema, tú como lector, o político de turno.

Además que, en muchos casos, ni siquiera son cosas que salgan de tu cabeza, sino que te limitas a poner en papel, de manera documentada incluso, cosas que existen en la sociedad.
Es algo que he comentado muchas veces y que, afortunadamente, hay gente que se ha dado cuenta. El problema de mis cómics no es la temática, sino el hecho de que no se emitan juicios morales.

De hecho creo que si en “Snuff 2000”, tanto en el corto como en el cómic, hubiese aparecido al final un policía que detuviese a los dos, no habrías tenido ningún tipo de problema.Exacto, siempre que dejes claro quienes son malos y buenos, que los malos paguen o se arrepientan y reconozcan que son malos no pasa anda.

Es un moralismo muy cristiano.
Pero curiosamente, este moralismo tan cristiano de lo bueno y malo está muy presente también en Oriente, es lo que te comentaba antes de los mangas.

Volviendo a “Bitch”, por ejemplo, es una obra en la que juegas mucho con eso, creando unos personajes contradictorios y nada posicionados. La radical antiglobalización de familia rica, el saharaui homosexual que mantiene relaciones con nazis, etc.Además en Bitch he contado muchos casos reales. En el Sahara hay unos índices de violaciones impresionantes, y eso es un escándalo internacional que se está tapando porque es muy delicado, más teniendo en cuenta la situación del Sahara, que es muy jodida. He conocido a varios, incluso uno en León, que también lo cuento en el cómic, que era un sinvergüenza que se aprovechó de las becas que daba España para escapar de allí; otros que si se marchaban les trataban como traidores y era lo peor que podían hacer; otro que era un diplomático que se dedicaba a comprar coches de chatarra para el desierto, con el dinero que le daban para la causa saharaui, y luego él mismo se los vendía a los del desierto a mayor precio.

Casos reales y, en este caso gracias a ser una serie periódica, te permitían que fuesen de bastante actualidad, pese a que tachen tus historietas de futuristas.Me gusta que sean actuales pero que no envejezcan, de tal modo que si lees un álbum recopilatorio dentro de cinco años no haya caducado.
Respecto al futurismo, es un futurismo en apariencia, por la ambientación, porque los coches no tienen ruedas y por algún elemento fantástico que aparece de vez en cuando, pero en realidad estoy hablando de lo que pasa ahora.

De hecho si te pasas por el intercambiador de Nuevos Ministerios, que lo remodelaron hace poco, parece sacado de uno de tus tebeos…
¡Tengo que ir! (Risas) Eso me recuerda que un día estuvimos cenando en un restaurante tailandés que le gusta mucho a Nacho Vigalondo debido a un plato superpicante que tienen que se llama “Infierno de ternera”. Este sitio está justo detrás del hotel Puerta de América y al salir de allí fuimos a tomar una copa al bar de hotel sólo por verlo por dentro. Y nada más salir había una explanada enorme, una terraza de verano, con unas hamacas y demás, y Nacho me dijo: “Mira Martín, como en Surfing (on the third wave)”. Y la verdad es que parecía tal cual aparecía en la viñeta. También es cierto que yo ojeo muchas revistas de arquitectura, moda y decoración y algo siempre se me queda…

Quizá es que sacas una parte del mundo actual que no todo el mundo conoce, o se fija en ella. Por ejemplo, si hablamos de Madrid, no sacarías la Puerta del Sol, pero quizá sí lo de Nuevos Ministerios.
Claro, tú puedes hacer un tebeo sobre Madrid y sacar Chueca o Malasaña, que los saca todo dios, o bien algunos bares concretos de la zona de Chueca o uno que hay por la calle Jorge Juan, que parecen sacados de mis historietas.

En esta línea irían también los objetos que has diseñado (desde camisetas a vibradores) para distintas marcas, que siguen la misma estética que tus historietas y sin embargo se encuentran en el mercado del mundo real.Con lo del vibrador lo que hice fue decorarlo, el diseño era de un japonés. Lo único que tuve que decirles fue que le cambiasen el color gris original por el rosa y añadir mis dibujos.

Hablando del diseño, es algo que también destaca en tu obra. A mí por ejemplo, la portada de un álbum como “Anal Core” me parece bellísima.
Pues no creas. Por que esas portadas, que yo estoy muy orgulloso de ellas porque son distintas, dentro del mundo del cómic no gustan tanto. Están acostumbrados a primeros planos de los protagonistas y cuando te sales de ahí les tira para atrás.
Es algo que he hecho de manera muy consciente, especialmente en mis álbumes más “fuertes”, he buscado una composición de tal modo que no pareciese un cómic.
Hasta que hice “Psicopatía” yo no había visto ninguna portada de cómic en la que no saliese un dibujo en la portada.
Luego en otras sí que aparecen como en “Keibol Black” o “Kyrie”, pero porque creo que es la obra la que lo demanda.

En general, eres seguidor de la línea clara.
Me gusta, sobre todo como autor, porque entra muy fácil. Es muy fácil de leer y de comprender. Además en mi caso es una ventaja porque contrasta mucho el fondo con la forma
Aunque como lector me gusta de todo. Me gusta mucho Vuillemin, que de línea clara no tiene nada. Más bien es “línea cerda” hasta el máximo. (Risas)

Tras verte afectado por juicios a tú obra y amenazas de muerte a tu editor en Italia, y tener cerca casos como el de Hernán Migoya con su libro “Todas putas”.
¿Qué opinas de la censura y la corrección política?

Yo estoy a favor de la censura porque tanto a Migoya como a mí nos ha venido muy bien. Él ha seguido escribiendo y vendiendo libros, ahora ha hecho una película. Y yo en Italia me hice muy conocido, me ha n invitado a un montón de sitios y publico allí con regularidad. Hombre, si hubiese acabado en la cárcel treinta años como el Marqués de Sade, otro gallo cantaría… Aunque eso hoy es difícil que pase por culpa de un libro o un tebeo, afortunadamente. Incluso en el caso de que fuese una apología directa. Cosa que, ni en el caso de Hernán ni en el mío, era cierta.

¿Qué opinas de que hay grandes almacenes y comercios que no vendan ciertos tebeos, como en el caso reciente del “Haw!” de Ivan Brunetti, y sin embargo vendan el “Mein Kampf” de Adolf Hitler?
Ocurre con frecuencia. También te pasa con muchas bibliotecas. ¿Por qué puedes leer sin problemas la obra del Marqués de Sade, que hace apología pura y dura de la pederastia y el incesto, y no puedes acceder a la obra de Migoya, que encima lo dice de coña?

¿Qué opinas de la figura de Sade?
Como personaje me parece un genio, aunque como escritor, la verdad es que lo poco que he leído de él me ha resultado reiterativo y pesado.

¿Y qué opinas de que en países como Alemania estén no solo prohibidos, sino perseguidos libros y símbolos como la esvástica o cualquier referencia al pasado nazi?

Allí es que tienen un rollo con todo eso que no lo tienen asumido del todo aún. En Nuremberg, por ejemplo, tienen una exposición en la explanada donde se hacían las concentraciones del partido nazi que han convertido en un museo contando la historia de todo aquello, y ahí todavía se pueden ver algunas cruces gamadas. Pero había otro sitio, un muro con fotografías de la época, en la que había borrado infográficamente todas las esvásticas de los uniformes de los soldados. En otro punto, te daban unos auriculares para escuchas las explicaciones en varios idiomas, y lo contaban con una frialdad que parecía sacada de mis cómics; como que aquí paso algo pero no fuimos nosotros y no tuvimos nada que ver. Allí pasa algo, y gordo, con ese tema. Es algo que tienen enquistado, y lo entiendo porque tiene que ser muy jodido de asumir. Aquí hace setenta años de la Guerra Civil y todavía hay peleas por lo de la memoria histórica, imagínate allí que terminó hace cincuenta.
De hecho hay una película muy reciente que me pareció excelente que es “El hundimiento”, que es la primera vez en la que he visto a Hitler retratado como debió ser, no como un payaso al estilo Chaplin. Porque Hitler sería muchas cosas, pero no era ningún payaso.

Eso me recuerda también a otras películas como la alemana “Mein fürher”, o con Franco en la española “Buen viaje, excelencia” de Boadella; en la que ridiculizaban a los personajes en extremo pero sin salir del chiste fácil, dando como resultado películas un tanto malas.

Si a mí me parece bien que se rían de ellos, en estas cosas cuanto más humor haya mejor. Pero si nos reímos, vamos a reírnos de todo el mundo. Porque en los campos de concentración, los judíos entre ellos eran unos hijos de puta redomados, por mera cuestión de supervivencia. A mí su actuación no me parece criticable, pero muéstralo también como fue. No te puedes reír libremente de ello, como le pasó a Vuillemin con su “Hitler=SS”.

De hecho en ese tipo de situaciones se tiende siempre a crear héroes, como en el caso del 11-S. Los bomberos fueron héroes, los policías fueron héroes… Todos, sólo por el simple hecho de estar allí. Sin embargo yo cuando me lo imagino, pienso en el tipo que le pisó el cuello a una vieja sólo por salir de allí.

Claro, ¿pero eso lo puedes condenar? Yo no, lo entiendo. Pero eso hay que comentarlo. Igual que aquí con lo de los trenes, ¿200 héroes? ¿Quién te dice que uno de los que iba en el tren no venía de reventarle la cabeza a su mujer?